En el 30 soy una Condesa

Estoy pensando seriamente en hacerme pasar como turca; quizás no sea necesario. Tengo la ligera impresión de que el malinchismo nos ha llevado a vivir con los ojos cerrados dentro de nuestra –hermosa– ciudad. Estamos sumidos en el vaivén del estrés donde las 24 horas se convierten en 3.

¿Qué no te gusta del Distrito Federal?

Estoy segura que tienes una lista enorme de defectos, sin embargo, ¿te has tomado el tiempo para admirar las mejoras/cambios y bellezas que tenemos dentro de él? Bien, no busco comenzar una acalorada discusión política, económica, ecológica o social. Hay millones de cosas que podemos mejorar, mientras tanto, he decidido convertirme en turista dentro de mi ciudad.

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Sziastok és Köszönjük, Magyarország!

Vivo con una familia húngara: wanna be húngara

En algún momento sentí que conocía ya la ciudad, era parte de ella; el idioma, no me causó conflicto alguno. No sé si era el interés por experimentar algo distinto o porque en realidad nosotros y ellos no somos tan diferentes. El dinero me rendía mucho más de lo que debería; un conflicto: comía todo el tiempo. Exceptuando el jet lag, no sufrí en absoluto algún tipo de homesickness o cultural shock.

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¡Llévelo, llévelo! Para el niño… para la niña

¡No! Silencio completo, tranquilidad evidente en el transporte público. Es posible leer, estudiar, escuchar música a un volumen razonable, etc. Es tan extraño para mí porque estoy familiarizada con el ruido incesante del Distrito Federal, con los vendedores de cosas inútiles, los altavoces, los 50 éxitos de Juan Gabriel y de los que no recuerdes. No hay personas torturándose en el suelo para ganar unos pocos pesos ni tampoco pidiendo para un “taquito”. Lamentablemente, extrañaré en demasía el orden y tranquilidad que se respira en Budapest.

Déli pályaudvar

Déli pályaudvar – Source: Google images

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