Entre la lengua de Shakespeare, la fonética de Goethe y los acordes de Shostakovich

He estado escribiendo este post desde hace 365 días y la inspiración va y viene. Las actividades, tareas, deberes y necesidades saturan mi día.
Hace unas horas, mi mente no lo creía y mis ojos no lograban conciliar el sueño… Estaba por huir, correr y volar.
Esta vez, no es una crítica culinaria o una recomendación artística sino todo lo contrario; es una introspección a la vida (de la cual sigo sin saber algo). Probablemente, mis palabras no tengan sentido, sin embargo, continuaré. He logrado entender algunas cosas y “desentender” otras y estoy completamente segura que no seré la siguiente Freud o Dostoyevski del mundo sino de mi vida.

Bien… Un avance: este post pretende ser un tanto largo y tedioso. Quizás narcisista y egoísta; en fin, es un monólogo. Feel free to go through it or close it as soon as you notice its length.* Por cierto, ponte cómodo y asegúrate de tener una taza de café next to you.
Muy seguramente, la calidad de mi redacción ha decaído notablemente; en caso de ser así, lector: una disculpa. La mejor excusa de todas: mis sentimientos los expresó en la lengua de Shakespeare, mientras que mi vida se rige bajo la fonética ‘Goethiana’ y mis oídos se adaptan a los acordes de Shostakovich.
Comencemos…

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