Entre la lengua de Shakespeare, la fonética de Goethe y los acordes de Shostakovich

He estado escribiendo este post desde hace 365 días y la inspiración va y viene. Las actividades, tareas, deberes y necesidades saturan mi día.
Hace unas horas, mi mente no lo creía y mis ojos no lograban conciliar el sueño… Estaba por huir, correr y volar.
Esta vez, no es una crítica culinaria o una recomendación artística sino todo lo contrario; es una introspección a la vida (de la cual sigo sin saber algo). Probablemente, mis palabras no tengan sentido, sin embargo, continuaré. He logrado entender algunas cosas y “desentender” otras y estoy completamente segura que no seré la siguiente Freud o Dostoyevski del mundo sino de mi vida.

Bien… Un avance: este post pretende ser un tanto largo y tedioso. Quizás narcisista y egoísta; en fin, es un monólogo. Feel free to go through it or close it as soon as you notice its length.* Por cierto, ponte cómodo y asegúrate de tener una taza de café next to you.
Muy seguramente, la calidad de mi redacción ha decaído notablemente; en caso de ser así, lector: una disculpa. La mejor excusa de todas: mis sentimientos los expresó en la lengua de Shakespeare, mientras que mi vida se rige bajo la fonética ‘Goethiana’ y mis oídos se adaptan a los acordes de Shostakovich.
Comencemos…

Hace 365 días inicié una de las mejores decisiones que pude haber tomado. Quiero contarte sobre mi reciente adquisición. Encontré unos zapatos maravillosos, increíbles, minimalistas; combinan con todo, difícilmente se ensucian, mantienen mis pies calientes en invierno y frescos en verano, son de un material bastante durable, en fin… Son perfectos. Cuando entre a la tienda, los pedí en mi talla. ¡Wow! Hermosos. Vi el precio y la perfección cayó. Un tanto desilusionada salí de ahí, comencé a caminar y decidí trabajar arduamente para comprar esos zapatos. Ahorré todo el dinero posible, de vez en cuando solía visitar la tienda para cerciorarme que aún estaban ahí. Dejé de comer en restaurantes y ahorraba cada moneda que me quedaba libre. Después de un tiempo, miré mi cuenta y… ¡Voilá! Me alcanzaba para comprarlos. Llena de orgullo y entusiasmo corrí a la tienda. Yes! They’re still there.

–Quiero éstos, en 24, por favor.
–Lamentablemente, se han agotado; tengo 25 y 23.
–¿Qué?
– ¡Lo lamento! Han sido un éxito esta temporada. Dame un segundo, revisaré si tengo alguno en bodega.

Seguía sin creerlo. Tantas veces que dejé pasar oportunidades para estos zapatos… ¡Imposible!

– Sí, aquí tengo un par en 24 pero… tienen un defecto en el material. Están rasgados del lado izquierdo.

Los probé… Caminé un poco y…

– ¡Sí! Me los llevo.

Tenía planeados ya todos los outfits y ocasiones en los que ese par estaría presente. Los compré…
Comencé a utilizarlos, se ablandaron… Yo me sentía la princesa del universo. Sin embargo, después de un par de puestas quería ya el nuevo par que estaba allá afuera. Sabiamente, alguien me dijo:

– Disfruta este par. Corre con ellos, disfruta la rasgada que tienen en el lateral. Escala montañas, combínalos con vestidos y faldas pero también con pantalones y shorts. Camínalos… vívelos.

Después eso, me percaté que no hay prisa por comprar el nuevo par. No hay prisa por vivir.

Después de estar lejos de los que me importan por un poco más de 8,760 horas, comencé la introspección –diaria–. ¿Qué no he aprendido? Como diría aquel clásico:

Este hombre, por una parte, cree que sabe algo, mientras que no sabe [nada]. Por otra parte, yo, que igualmente no sé [nada], tampoco creo [saber algo]”.

Sí, sigo en las mismas.

Todos los días analizo, me analizo, los analizo y los observo, me observo y observo. Pareciera que fue ayer cuando aún mamá hacía el desayuno mientras yo, con toda calma, tomaba un baño para alistarme a que ‘hermanito’ me llevara al trabajo. Pero, ¡no! Ahora, me despierto, me alisto, preparo desayuno, tomo el transporte público, llego a la rutina (amada rutina de certidumbre), en fin.

No soy la primera persona que decide salir de la zona de confort y, afortunadamente, no seré la última. ¿Qué he aprendido? ¿Qué he dejado de aprender? ¿Qué he olvidado? Vivo pero me alejo del instinto de supervivencia. Vivo para lograr algo. ¿Qué? Allá voy.

Soy tolerante, risueña pero melancólica. Comprendo y reacciono. Estoy acompañada pero sola. Cuántas cosas, ¿no?

Soy tolerante a la gente, a las culturas, a las diferencias, a la dependencia e independencia.

– Soy Elena…
– de México, sí, de la Ciudad de México.
– No, mi familia no está involucrada en el narcotráfico y sé lo que es un iPhone. También he viajado en auto y sí, hablo español. Aunque parezca vietnamita, turca o uzbeky… soy mexicana. Me encanta y fascina mi país. Estoy estudiando una maestría: “Global Communication and International Journalism”. Es un programa entre San Petersburgo y Berlín. Sí, estudio alemán desde hace 7 años y… “Otro show, wey”. No, no uso la palabra “güey” y soy mala bailando cumbia. Me encanta el frío y la nieve y no uso sombrero ni chal. By the way… people! We’re also part of North America. ¿Hablo Ruso? I wish. Puedo pedir el menú en inglés aunque, acá entre nos, cuando veo algo en cirílico leo como si lo entendiera. En algún punto, logro entender un par de cosas.

Me fascina Berlín. No hay palabra que describa lo que siento cada que hablo alemán. ¿San Petersburgo? “Otro show, wey”. Como mis zapatos… hermosos pero un tanto disfuncionales.

Sé dónde encontrar los croissants más ricos de Berlín; sé cuál es el chocolate ideal para el cereal y dónde encontrar comida deliciosa (con sabor y bajo safety standards) en “Piter”.

Sí, ahora como pan de dulce, chocolate, cereal y verduras congeladas.

He tenido los días más surreales, increíbles, estresantes, depresivos y emocionantes de mi vida. Aprendí a comer cuando tengo hambre. A esperar una eternidad una cita en el doctor, a ser tolerante a la falta de información y respuestas.

Cuando me aventé al ruedo, nadie me dijo que las cosas serian así. NO me arrepiento… Volvería a hacerlo todo igual.

Sí, los extraño todos los días. La gente comienza a olvidarse de mí. Yo no.

Los individuos cambian, van y vienen. Si pienso en todas las personas que he conocido… ¡Bah!

¿Cuántas cosas no he aprendido? Un montón y un chingo… y… lo que falta.

Aprendí:

  • Que muchas cosas son generacionales y culturales…
  • A empacar las cosas en el supermercado mientras están aún cobrando…
  • A estar sola y con mis pensamientos…
  • A estar para los demás y no tener a los demás…
  • A entender y no entender…
  • A decir lo que siento y lo que no, también…
  • A construir mi vida…
  • A valorar una puerta y mi privacidad…
  • A dar las gracias…
  • A querer mi cuerpo y a cuidarlo…
  • A saber que mi familia es incondicional…Y… solo ellos…
  • A entender a los individuos…
  • Entenderme…
  • A expresar mis sentimientos en inglés, a mentar la madre en español, a decir “gracias” en alemán y a pedir el menú en ruso…
  • A comprar comida para mí…
  • A extrañar…
  • A confiar y desconfiar…
  • A tener amigos y conocidos…
  • A construir una rutina…
  • A entender culturas y saber que hay momentos de flexibilidad y de vivir la vida… ¡Oh! Qué difícil…
  • A dormir más de 8 horas y a no dormir…
  • A saber que hay personas que se van…
  • A escribir 7 páginas de esto cuando debo hacer 20 sobre el argumento autoritario del sistema mediático mexicano…
  • A no desperdiciar y a valorar el sol, la comida, los sabores y la luz…
  • A disminuir estándares, a estar en lugares extremadamente sucios y funcionales…
  • A no saber qué dirección de casa utilizar…
  • A no comprar ropa y a no ser de aquí ni de allá…
  • A decir ¡No! A licores chinos y sí al té Oolong…
  • A tomar té en la comida y comer a mediodía…
  • A no esperar algo o a esperar nada
  • A percatarme que soy intensa, perfeccionista, workaholic y no que los demás son mal hechos, flojos y mediocres…
  • A citar en APA correctamente…
  • A entender a los alemanes en el trabajo…
  • A intentar entender a los rusos en la vida…
  • A usar el transporte público colectivo y no decir ¡Yiugh!
  • A ganar 50€ porque sí…
  • A estar en -17C y 40C…
  • A sentirme ignorante…
  • A pedir ayuda…
  • A no juzgar sin argumentos…
  • A priorizar…
  • A ser feliz…

Trabajo en Bayer, corro una hora, como muesli y no quiero ser CFO (aún uso mis dedos para operaciones matemáticas) sino tener una posición retadora, que desarrolle mi mente/persona/carrera/mi vida.

Pero dime… ¿Has viajado alrededor de Europa y Rusia? O quizás, seguro has estado en las mejores fiestas de Berlín, ¿no? No. Lamentablemente, mi mindset es distinto. Aquí tengo una rutina, estoy luchando por algo y tengo responsabilidades.

No, no estoy deschavetada…yet. Tantas ideas que van y vienen y otras que se quedan y unas más que probablemente he olvidado.

¡Gracias!
Gracias por…
– Leer
– Escribirme
– Hablarme
– Preocuparte
– Preguntarme
– Ser mi madre, padre, hermano, cuñada y sobrino…

Si te preguntas sobre el futuro de Ellen on the map… Bien, tengo muchas notas por ahí y allá que, eventualmente, debo redactar. En realidad, es mi visión de lo que ha pasado en estos 12 meses.
Pronto… Tan pronto termine, comienzo.

Tantos reviews sobre restaurantes, comida, cultura y ciudades.

¡Pronto!
¡Pronto!

¡Pregúntame lo que quieras!

Nota:
¿Por qué no he escrito?
Esto es mío y de todos. Los días se me van en un abrir y cerrar de ojos. Las 24 horas, no me alcanzan. Quisiera tener un escritor mental.

*Si has seguido el asterisco, es porque eres mi mamá o papá o… En verdad te intereso y me quieres. 🙂 Por cierto… No compré zapatos.

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