‘ire marchantita, se lo dejo bara

Mercado
m. Sitio público destinado permanentemente, o en días señalados, para vender, comprar o permutar bienes o servicios. (RAE, 2014)

El mercado es un concepto tradicional del hombre y me atrevería a decir que México lo ha acuñado como “suyo”. Desde épocas remotas, los individuos se han concentrado en lugares específicos para llevar a cabo transacciones: compra-venta de bienes (en algunos casos, servicios).

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En la ruta de mi Kopi Luwak

Solía ser una ferviente consumidora del té* –aún lo soy–, dados los principios activos benéficos para el cuerpo. Sin embargo, hace ya unos meses comencé la ingesta de cafeína.

*Pronto hablaré sobre mis miércoles de té.

Colombiano, mexicano y hasta turco, mis papilas gustativas se han dilatado con compuestos químicos. Puedo sospechar, ahora los antioxidantes, niacina, tiamina, potasio, magnesio, vitamina B5 y B2 han reducido el riesgo de que padezca enfermedades neurodegenerativas (Alzheimer y Parkinson) y metabólicas (Diabetes Mellitus).

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En el 30 soy una Condesa

Estoy pensando seriamente en hacerme pasar como turca; quizás no sea necesario. Tengo la ligera impresión de que el malinchismo nos ha llevado a vivir con los ojos cerrados dentro de nuestra –hermosa– ciudad. Estamos sumidos en el vaivén del estrés donde las 24 horas se convierten en 3.

¿Qué no te gusta del Distrito Federal?

Estoy segura que tienes una lista enorme de defectos, sin embargo, ¿te has tomado el tiempo para admirar las mejoras/cambios y bellezas que tenemos dentro de él? Bien, no busco comenzar una acalorada discusión política, económica, ecológica o social. Hay millones de cosas que podemos mejorar, mientras tanto, he decidido convertirme en turista dentro de mi ciudad.

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Sziastok és Köszönjük, Magyarország!

Vivo con una familia húngara: wanna be húngara

En algún momento sentí que conocía ya la ciudad, era parte de ella; el idioma, no me causó conflicto alguno. No sé si era el interés por experimentar algo distinto o porque en realidad nosotros y ellos no somos tan diferentes. El dinero me rendía mucho más de lo que debería; un conflicto: comía todo el tiempo. Exceptuando el jet lag, no sufrí en absoluto algún tipo de homesickness o cultural shock.

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¡Llévelo, llévelo! Para el niño… para la niña

¡No! Silencio completo, tranquilidad evidente en el transporte público. Es posible leer, estudiar, escuchar música a un volumen razonable, etc. Es tan extraño para mí porque estoy familiarizada con el ruido incesante del Distrito Federal, con los vendedores de cosas inútiles, los altavoces, los 50 éxitos de Juan Gabriel y de los que no recuerdes. No hay personas torturándose en el suelo para ganar unos pocos pesos ni tampoco pidiendo para un “taquito”. Lamentablemente, extrañaré en demasía el orden y tranquilidad que se respira en Budapest.

Déli pályaudvar

Déli pályaudvar – Source: Google images

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25 de noviembre 2012 – el destino ‘speechless’

Después de veinte horas de vuelo, llego a Budapest, mi destino final. Mi celular no sirve porque Telcel no tiene una conexión firme con –una gran variedad– compañías de telefonía europeas. Intento llamar por teléfono fijo y no logro entender algo. Busco mi maleta y salgo. Encuentro a tres chicas de AIESEC KVIF esperándome. ¿Qué haces cuando conoces a alguien nuevo? ¡Hi! Das un beso y continúas. Después de un par de días me percaté que debes dar DOS besos, no uno. Llego a la casa donde iba a dormir mientras empezaba mi práctica. Sonidos extraños, no lograba distinguir algo. Pasaban mil ideas por mi cabeza… ¿y si…? Cabe resaltar que yo no conocía a alguien y me aventuré, confié en mi suerte, a llegar a una casa ajena. Después de un baño, nos dimos a la tarea de salir a visitar la ciudad de Budapest. HERMOSA. Speechless! Debo decir que es una de las ciudades que tiene la capacidad de maravillar tanto al niño de 5 años como al anciano de 80.

Hősök tere

Hősök tere

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